El lobo cerval, el mueyu y el osífrago.

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La viabilidad del lince ibérico (Lynx pardina) en Covadonga plantea una intrigante incógnita faunística, compartida con otras regiones de las montañas cantábricas, que los naturalistas se esfuerzan por resolver. En la década de los ochenta, varios testigos, provenientes de diferentes observadores, aportaron relatos que indicaban la presencia de este depredador tanto dentro de los límites del Parque como en áreas cercanas a él.

Uno de los relatos más detallados y fascinantes se vincula a la presunta aparición de un cadáver en la cara sur de Peña Santa de Castilla el 24 de septiembre de 1978. Esta peculiar experiencia fue descubierta por Erik J. Pérez, un guía profesional de alta montaña y uno de los más expertos en los Picos de Europa. Recientemente, Pérez incluyó este singular acontecimiento en una de sus obras de divulgación montañera.

El alpinista asturiano narra que al amanecer de aquel día, al llegar él y su compañero de cordada a la base de la llamada Canal del Pájaro Negro para comenzar la escalada de la Peña, se sorprendieron al encontrar un animal muerto que identificaron de inmediato como un lince. Aunque la falta de luz les impidió fotografiarlo, su entusiasmo juvenil por alcanzar el objetivo deportivo los llevó a subestimar la importancia de recogerlo, y el peso adicional que suponía no les incentivó a hacerlo.

La descripción del cadáver según Erik es la siguiente: «Era de mediana envergadura, similar a un perro mediano, con piel amarilla y puntos negros, sin rabo, con finos bigotes y orejas puntiagudas… esas orejas y el corto rabo nos convencieron de que se trataba de un lince». Además, especula sobre una posible muerte por despeñamiento al intentar capturar algún rebeco de la manada que ellos mismos vieron muy cerca de la cumbre.

La aparentemente sorprendente presencia del lince ibérico, a pesar de los conocimientos actuales sobre los requerimientos ecológicos de esta especie, los cuales se han obtenido principalmente de poblaciones mediterráneas, encuentra respaldo histórico en una referencia al «lobo cerval» (antiguo nombre castellano de la especie). Este dato proviene de un manuscrito que aborda el concejo de Cabrales y fue remitido por Bernardo de Mier, cura párroco de Santa María de Llas, al ovetense Francisco Martínez Marina. Este último dirigía un proyecto de Diccionario Geográfico-Histórico de Asturias en los últimos años del siglo XVIII y principios del XIX.

Aunque el mencionado diccionario no llegó a completarse y formar parte de un proyecto más amplio auspiciado por la Real Academia de la Historia, cuyos archivos se conservan en Madrid, en estos documentos se encuentran otras diez referencias al «cerval» en distintos concejos asturianos.

Si una población marginal de lince ibérico persistiera en estas montañas, así como en otras áreas eurosiberianas cercanas, sería necesario considerar la posibilidad de una adaptabilidad en las demandas tróficas conocidas de la especie, como indican Alejandro Rodríguez y Miguel Delibes en una monografía reciente. En caso de confirmarse esta presencia, el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga se convertiría en custodio de una de las grandes joyas de la fauna mundial.

La cabra montés (Capra pyrenaica) habitó los Picos de Europa, al menos hasta la primera mitad del siglo XIX, siendo reconocida localmente con el término «mueyu», el cual ha perdurado en los diversos topónimos asociados a los distintos macizos de la región.

Existen diversas referencias escritas sobre la cabra montés (Capra pyrenaica), recopiladas por Juan Uría Ríu en varios artículos de naturaleza cinegética. Quizás las más intrigantes se encuentren en los manuscritos del mencionado Diccionario del canónigo liberal Martínez Marina. En particular, en la descripción de Cabrales, el redactor hace referencia a la fauna local de la siguiente manera: «En los valles hay corzos, y una especie de cabra montés, similar a las cabras comunes pero de mayor tamaño y agilidad, conocida como mueios; la armadura del macho es también semejante a la del cabrón, aunque mucho más imponente». Además, en el resumen general regional de esta obra inédita, se menciona la utilidad de los cuernos como contenedores para pólvora.

El profesor Uría también recopila otra mención para el concejo de Amieva, extraída de una fuente posterior, así como una referencia de Félix de Aramburu y Zuloaga de finales del siglo XIX. En esta última, al hablar de la antigua mina de cobre de El Milagro, ubicada en el concejo de Onís, cerca del Parque Nacional, y al referirse a los instrumentos utilizados por los primitivos mineros, que estaban fabricados con astas, Aramburu sugiere que estos podrían haber pertenecido a una raza de rumiantes ya extinguida, haciendo referencia al zoónimo en cuestión. Por otro lado, Casiano de Prado, en 1856, menciona que este animal estaba «casi por completo desaparecido de aquellas montañas».


La identidad subespecífica del «mueyu», que habitó en el Parque Nacional hasta antes de su declaración, constituye un enigma que deberán desentrañar los arqueozoólogos mediante el estudio de los restos que emergen en estos y otros lugares de la Cornisa Cantábrica.

En el siglo actual, se han llevado a cabo varios intentos de reintroducción de la cabra montés en Covadonga. En seis ocasiones, se liberaron veinte ejemplares procedentes de Cazorla (subespecie híspanica) en los años 1957, 1958, 1961 y 1965, y de Gredos (subespecie victoriae) en los años 1962 y 1963. Muñoz Goyanes, en su Monografía sobre el Parque, señala cómo estos animales se aclimataron en los montes de Amieva, específicamente en Rubieto y Berezoso, a pesar de las pérdidas ocasionadas por los lobos. En la década de los ochenta, se mencionó la posible presencia de híbridos con cabras domésticas que aún deambulaban por estos parajes.


Del quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) también debemos hablar en pasado al referirnos a la Montaña de Covadonga. La presencia de esta especie en las montañas cantábricas fue una realidad, al menos, hasta el primer tercio de este siglo, como se documenta en las relaciones sobre la fauna asturiana publicadas por Pascual Pastor en 1859 y Celestino Graiño en 1913. Una cita particularmente relevante para el Parque Nacional proviene del Archiduque Rodolfo de Austria, quien, en la narración de su expedición cinegético-científica en 1879, relata el descubrimiento de un nido abandonado de quebrantahuesos. Según los lugareños, dicho nido había estado ocupado el año anterior. Además, el Archiduque informa sobre el avistamiento y posterior derribo con un disparo de un quebrantahuesos joven, de aproximadamente un año y medio de edad, que localizó cerca del nido abandonado, sobre Covadonga, mientras sobrevolaba un grupo de buitres.

Otra referencia notable proviene de Chapman y Buck, quienes en 1893 mencionaron a la especie como nidificante en las cordilleras de Asturias y León, destacando que «la magnífica garganta conocida como el desfiladero de la Deva es una querencia inmemorial». En el ya mencionado Diccionario de Martínez Marina, se encuentra información sobre este ave, aunque de carácter extrapicoeuropeano, sorprendentemente precisa y ubicada. La cita aparece en el informe sobre Gijón, donde el redactor comenta las inclinaciones ornitológicas del cura de la parroquia de Lavandera, «quien ha observado y reconocido el osífrago que Plinio sitúa en séptimo lugar entre las águilas, demostrando su acción natural de quebrar un hueso».

Aurelio de Llano, el distinguido explorador de Asturias, relata la ascensión en solitario realizada por Víctor Martínez, pastor de Camarmeña, el 22 de agosto de 1923, con el propósito de izar la bandera española en la cima del Naranjo de Bulnes. En su narración, Llano atribuye al escalador la descripción de la cumbre, mencionando que «entre la grava hay muchos huesos de los rebecos que llevan allí las águilas para comerlos tranquilamente». Sin embargo, parece más plausible que se trate de un inaccesible vertedero utilizado por carroñeros, que aún persistían en la zona, y que el lugareño, por falta de conocimiento, identificara erróneamente como águilas.

Juan Carlos del Campo y Gregorio Ricardo González han registrado una posible alusión a un nido de la especie en las cercanías de Cordiñanes en los años sesenta. De confirmarse, esta sería la cita más reciente sobre la presencia estable del quebrantahuesos en las proximidades del Parque Nacional.


En los últimos años se ha considerado la posibilidad de reintroducir este majestuoso ave en Covadonga, contemplándose la opción tanto de trasladar individuos provenientes de los Pirineos como de Oriente Medio. Sin embargo, tras suscitarse las correspondientes polémicas, la idea parece haber caído en el olvido.


En los últimos años, naturalistas expertos han realizado observaciones de quebrantahuesos sobrevolando los paisajes de los Picos de Europa y otras localidades más al oeste, en la Cordillera Cantábrica. Estos avistamientos se interpretan como vuelos errantes de individuos inmaduros pertenecientes a las poblaciones pirenaicas de la especie

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