Los lagos y ríos , pasado de una vida en sus aguas.

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Todas las especies que poblaron y dieron origen a una forma de vida entorno a ellos.

Lago Enol

Los Ríos, lagos, lagunas, etc. que forman la red la red hidrográfica superficial del Parque Nacional constituyen ecosistemas muy característicos en que los seres vivos que los pueblan, dependen total o muy parcialmente del agua. Vinculados permanentemente al medio acuático, un sinnúmero de invertebrados invertebrados pueden ser encontrados en el espacio protegido, destacando entre
ellos el cangrejo de río (Austropotamobius pallipeps) que fue introducido en 1919 en el Lago Enol y que en la actualidad puebla las dos masas lacustres así como algunas charcas y arroyos como el de Las Mestas en la Vega de Orandi. La especie, omnívora y lucífuga, juega un importante papel al eliminar materia orgánica cuya descomposición contribuiría a la eutrofización del medio. Hoy en día, este cangrejo de río está considerado en peligro de extinción lo que revaloriza su presencia en estos parajes. Una especie fácil de observar es un escarabajo buceador conocido como tigre de agua (Dytiscus marginalis), ya que es un voraz depredador capaz de capturar pequeños vertebrados. De vida acuática son las larvas de los odonatos, de los que se conocen varias especies en Covadonga. Destacan entre ellas, ya que algunos autores las consideran raras, la libélula (Aeshna juncea) y el caballito del diablo (Calopteryx virgo), cuyos machos son de color azul verdoso metálico y las hembras de un vivo verde metálico.

Río Casaño

Entre los peces, la especie más representativa es la trucha común ( Salmo trutta subsp. fario) ya que sus parientes el salmón atlántico (Salmo salar) y el reo (Salmo trutta subsp.trutta) no alcanzan los límites del Parque, a pesar de que remontan y dan fama a los ríos Cares y Sella en sus viajes desde el mar para reproducirse. Otro migrador, la anguila (Anguilla anguilla) si puede llegar al espacio protegido ya que este pez serpentiforme superar mejor los obstáculos y las zonas prácticamente secas que aparecen en el estío al sumirse las aguas en el complejo cárstico. Pero en Covadonga son los lagos Enol y Ercina las masas de agua que presentan mayor riqueza piscícola ya que han sido objeto de numerosas repoblaciones, con el fin de posibilitar las pesca deportiva, hoy en día -por fortuna- totalmente prohibida por la administración del Parque. Los primeros ensayos para la repoblación del lago Enol se debieron a la iniciativa de un canónigo de la Basílica, D. Máximo de la Vega, quien trajo del Lago de Ginebra huevos de la llamada trucha lacustre, era el año 1880. Depositados los jaramugos entre dos cedazos en la orilla, se escaparon por una rotura de la red, capturando a los dos años un pastor una gran trucha que fue vendida en Cangas de Onís. Posteriormente se pescaron grandes ejemplares en cuyo tubo intestinal aparecían restos de tritones y sanguijuelas, según narra Terrero y González Estrada en 1951. En 1911 se liberaron ejemplares de trucha común y a partir de entonces se hizo con cierta periodicidad al poseer la administración una piscifactoría en la cercana localidad de Infiesto. En 1918, un pez absolutamente desconocido en la Cornisa Cantábrica, un ciprínido, la tenca (Tinca tinca) fue introducido en ambos lagos y actualmente aún se cita en esas aguas. Otro miembro de la familia, el piscardo (Phoxinus phoxínus), fue liberado en ambas masas lacustres en 1920 al objeto de que sirviera de alimento a las truchas; hoy en día puebla Los Lagos y el río y lagunas de los Llanos de Comeya. El salmón también fue objeto de repoblación con la suelta en 1957 de diez mil alevines en cada uno de los lagos; llegaron a capturarse ejemplares próximos a los 2 kg de peso, pero -al no reproducirse- en 1963 ya se consideró a la especie como totalmente desaparecida. En 1965 dieron comienzo las repoblaciones masivas con otro salmónido, originario de América del Norte, la trucha arco-iris (Oncorhynchus mykiss), que actualmente vive en ambos lagos. En los últimos años al no ejercitarse la pesca, han aparecido grandes ejemplares muertos en las orillas; uno de ellos -que la administra­ción del Parque exhibe con fines didácticos en Cangas de Onís- ha arrojado 9,5 kg de peso y se le calculan unos doce años de edad.

Los anfibios dependen totalmente del agua en determinados momentos o estadios de su vida. En el Parque Nacional de Covadonga podemos encontrar la mayoría de las especies existentes en el norte peninsular.

Salamandra común

La salamandra común (Salamandra salamandra) que habita estos parajes pertenece a la subespecie bernardezi -en la que las manchas amarillas forman bandas continuas- y se ha llegado a localizar por encima de los 2.000 m de altitud.Además podemos encontrar un interesantísimo endemismo del noroeste ibérico, la salamandra rabilarga (Chioglossa lusitanica). Dos especies de tritones son comunes en el territorio protegido, el tritón palmeado (Triturus helveticus subsp. alonsoi) y el alpino (Tri:turus alpestris)-de bellos colores gris azulado en la región dorsal, bandas blancas y azul en el costado y naranja fuerte en la zona ventral perteneciente a la subespecie cyreni que fue descrita en 1932 sobre ejemplares capturados en el lago de la Ercina.

Tritón alpino

Los especialistas nos descartan elevar estas poblaciones ibéricas a la categoría específica dadas algunas diferencias genéticas detectadas con las poblaciones tipo de la especie.

Sapo común

Los sapos común (Bufo bufo) y partero (Alytes obstetricans subsp. boscai) y la rana roja (Rana temporaria subsp. parvipalmata) son los anuros más comunes que dependen de los medios acuáticos d ela Montaña de Covadonga. La culebra de agua (Natrix maura) y su congénere la culebra de collar (Natrix natrix) junto con la lagartija de turbera (Lacerta vivipara) son los reptiles, de los presentes en el espacio protegido, más adaptados a las corrientes, masas de agua y zonas encharcadas.

Víbora cantábrica

En ríos y torrentes es fácil observar al mirlo acuático (Cinclus cinclus) mientras se introduce en el agua para capturar invertebrados y, en primavera, localizar sus nidos bajo puentes y extraplomos. La lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) también frecuenta las corrientes. Otras aves sedentarias y vinculadas a los medios acuáticos del Parque Nacional son la focha común (Fulica atra) -muy conspicua y representativa del Lago de la Ercina en el que suele haber un número superior a los noventa individuos y donde es fácil observar sus nidos entre la vegetación palustre-, la polla de agua (Gallinula chloropus) y el ánade real
(Anas platyrhynchos).

Ánades reales

Pero probablemente sea un mamífero el mayor tesoro faunístico que alberga el Parque en sus corrientes fluviales. El topo de río o desmán (Galemys pyrenaica) -endemismo ibérico-, aunque reservado y de hábitos fundamentalmente nocturnos, puede ser observado a veces a pleno sol mientras nada y bucea sin parar prospectando con su larga nariz las piedras para capturar los invertebrados bentónicos de que se alimenta.

La nutria (Lutra lutra) -la llóndriga asturiana- y, sobre todo sus huellas y excrementos pueden ser observados en las orillas de los ríos.

Eltejón (Mustela putorius) recorre las orillas durante las horas nocturnas y captura anfibios que le sirven de alimento.

Fuente bibliográfica: La Montaña de Covadonga, Víctor M. Vázquez.

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