Un día de julio de 1918, nace en Covadonga el primer Parque Nacional en España.

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Camino de Covadonga_lago Enol_Picos de europa

Parque Nacional de la Montaña de Covadonga

El primer Parque Nacional de España vio la luz hace 105 años, gracias a una Ley promulgada el 22 de julio de 1918. Esta Ley fue publicada en la Gaceta de Madrid dos días después, como parte de la conmemoración del XII Centenario de la Batalla de Covadonga. El artículo 2º d esta Ley, sancionada por Alfonso XIII, dice textualmente: » Se declara Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, el Macizo de Peña Santa, cuya delimitación y también su reglamento aprobará el Gobierno, a propuesta de la Junta Central de Parques Nacionales «.

Dichas tareas fueron encomendadas al Marqués de Villaviciosa, en su calidad de Comisario General de Parques Nacionales, este presentó al Ministro de Fomentos, Francisco Cambó, el texto de un Real Decreto, apenas un mes más tarde que la Ley, el día 16 de agosto, que creaba en España » a más del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga o Peña Santa, en los Picos de Europa asturianos-leoneses, el Parque Nacional del Valle de Ordesa o del río Ara, en el pirineo del Alto Aragón».

La figura del Marqués de Villaviciosa está eternamente asociada a este pionero espacio protegido, ya que desempeñó un papel fundamental como su principal impulsor, fundador y primer director. Siguiendo su deseo, sus restos descansan en el Mirador de Ordiales, en lo que él cariñosamente describió como «el reino encantado de los rebecos y de las águilas», desde el 18 de septiembre de 1949.

Don Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa

La figura del Marqués de Villaviciosa ha quedado para siempre ligada a este primer
espacio protegido, ya que él fue su verdadero impulsor, creador y primer director, y
en su seno, a instancia suya, en lo que definió como «el reino encantado de los rebecos
y de las águilas»
, en el Mirador de Ordiales, yacen sus restos desde el 18 de septiembre
de 1949.

Don Pedro Pidal, nacido en Somió (Gijón) en 1870, era el hijo del destacado político y conservador Alejandro Pidal y Mon, quien ocupó importantes cargos como Ministro de Fomento en el Gobierno de Cánovas del Castillo, varias veces presidió el Congreso de los Diputados y lideró la Real Academia de la Lengua, entre otros logros. A los 26 años, Pedro Pidal fue elegido como Diputado a Cortes por primera vez, y en 1914 se convirtió en Senador vitalicio.

Apasionado cazador y alpinista, desarrolló un profundo amor por los Picos de Europa, una pasión que sin duda heredó de su padre y compartió con el célebre «alemán de Corao», Roberto Frassinelli. En su obra «Picos de Europa,» Alejandro Pidal se refiere a Frassinelli como un «gran compañero» con quien cazó y escaló. Bajo estas influencias y experiencias, don Pedro Pidal comenzó a concebir la idea de incorporar a España a las tendencias conservacionistas que se originaban en Norteamérica después de la declaración del primer Parque Nacional del mundo, Yellowstone, en 1872.

El 14 de junio de 1916, en el Senado, pronunció su célebre «discurso en defensa de la proposición de ley para la creación de los Parques Nacionales.» En su discurso, Pidal describió los Parques Nacionales como «aquellos lugares o paisajes excepcionalmente pintorescos, forestales o agrestes en el territorio nacional que el Estado debería consagrar, evitando así con la máxima eficacia cualquier acto de destrucción, deterioro o desfiguración por la intervención humana.»

El Marqués de Villaviciosa fundamentó su argumento principalmente en sus experiencias y observaciones durante sus visitas a Estados Unidos, Canadá y Suiza, demostrando un profundo conocimiento del entorno natural. Además, expresó su preocupación por la desaparición de especies animales, argumentando que «sin ellas, el paisaje no resulta completo, interesante y la naturaleza aparece mutilada.»

Don Pedro Pidal, quien compartía su afición por la caza y su enfoque naturalista con el Rey Alfonso XIII, propuso la idea de los Parques Nacionales, sugiriendo la creación de uno en Gredos para prevenir la extinción de la Capra hispánica. Sin embargo, este proyecto se transformó posteriormente en un Coto Real.

El legado de Pedro Pidal, el Marqués de Villaviciosa, perdura como un pionero de la conservación ambiental en España y un defensor apasionado de la protección de los espacios naturales excepcionales.

Álvaro Figueroa y Torres, Conde de Romanones y presidente del Consejo de Ministros en ese momento, fue el encargado de responder a la propuesta. Advirtió sobre las dificultades que la misma presentaba, señalando la necesidad de crear conciencia cultural y obtener la aceptación de la población. Sin embargo, mostró su compromiso de no obstaculizar la iniciativa y agregó: «Pero que quede claro, a pesar de los desafíos, no nos detendremos; siempre daremos el primer paso».

La Ley fue firmada el 7 de diciembre del mismo año por el entonces Ministro de Fomento, Rafael Gasset y Chillida, y permaneció en vigor hasta 1957, cuando fue derogada por la Ley de Montes.

Don Pedro Pidal, quien se convirtió en el primer español en ganar una medalla olímpica en los Juegos de París de 1900 (aunque no está claro si fue por tiro con arco o tiro a pichón debido a la desorganización de esos juegos), también llevó a cabo la primera ascensión conocida a la cumbre del Naranjo de Bulnes el 5 de agosto de 1904, junto a su compañero de Caín, Gregorio Pérez, conocido como «el Cainejo». Pedro Pidal falleció en 1941, dejando un legado importante gracias a su entusiasmo y determinación, que se tradujo en la creación de los dos primeros Parques Nacionales españoles, Covadonga y Ordesa. En su propuesta de preámbulo al Real Decreto de 1918, escribió: «Si el Macizo de Peña Santa es el Olimpo, el valle del río Ara es el Paraíso».

El 8 de septiembre de 1918, Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia visitaron Covadonga para presidir los solemnes actos de conmemoración del XII Centenario de la Batalla. Con su presencia, sancionaron el nacimiento del primer Parque Nacional en España. Hoy en día, dos hermosos lugares, el Mirador de la Reina y el Mirador del Rey, perpetúan esa histórica visita.

El espacio protegido recién creado se extiende a lo largo de una superficie de 16,925 hectáreas, abarcando territorios de cuatro municipios asturianos (Amieva, Cangas de Onís, Onís y Cabrales) y uno leonés (Valdeón). En su interior, alberga dos asentamientos permanentes: el pueblo de Caín en León y el Santuario de Covadonga en Asturias. Además, cuenta con más de ciento cincuenta lugares de ocupación temporal conocidos como «majadas,» que consisten en un conjunto de cabañas y rediles, a menudo acompañados de algunos fresnos aislados (Fraxinus excelsior) cuyas hojas se utilizan como suplemento alimenticio para el ganado.

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