Un gran Parque Nacional en los Picos de Europa

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Naranjo de Bulnes conocido como Picu Urriellu en la mañana brumosa en Asturias.

Naranjo de Bulnes conocido como Picu Urriellu en la mañana brumosa en Asturias.

De forma deliberada, hemos empleado de manera intercambiable los términos «Parque Nacional de la Montaña de Covadonga» y «Picos de Europa». Esto se debe a que los Picos de Europa constituyen de manera evidente una unidad geológica y biogeográfica sumamente peculiar, y su preservación se ha abordado de manera conjunta. Con este propósito, en un momento específico se estableció un extenso Parque Nacional que, al ampliar su área original, posibilitó una gestión unificada para salvaguardar los excepcionales valores paisajísticos, geológicos, etnográficos, culturales y biológicos que los universalmente reconocidos Picos de Europa contienen.

Sin embargo, cuando la responsabilidad de este espacio protegido se transfirió de la Administración General del Estado a las distintas comunidades autónomas que albergan los Picos de Europa, esta medida se alejó significativamente de la visión inicial.

En sus inicios, los impulsores de la declaración de este espacio protegido, S.M. Alfonso XIII y Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa de Asturias, idearon su desarrollo mediante la elevación a la máxima categoría del Macizo de Cornión y el mantenimiento de los Urrieles como Coto Real de caza. Esta estrategia tenía como objetivo proteger las poblaciones de rebeco cantábrico contra la acción de furtivos. Sin embargo, en la actualidad, las amenazas a la conservación no solo provienen de la caza incontrolada, sino también de la masificación turística desordenada, la construcción indiscriminada de infraestructuras y un desarrollo urbanístico sin control.

La protección de las especies animales a través del ordenamiento cinegético se revela insuficiente para conservar todos los valores naturales. Por ende, la única manera de garantizar un desarrollo rural equilibrado y respetuoso con los recursos naturales, permitiendo legar a las generaciones futuras, en el tercer milenio de nuestra era, un conjunto picoeuropeano bien conservado, es mediante la declaración hubiese sido mediante un único «Parque Nacional de Covadonga y Picos de Europa» que abarcara territorios de las tres comunidades autónomas: Asturias, Cantabria y Castilla y León, gestionándolo bajo la tutela del Estado.

En este sentido, en la actualidad, se suceden de manera constante las reuniones entre las administraciones involucradas, y ya se han presentado las correspondientes propuestas técnicas de delimitación territorial e influencia que abarcan los tres Macizos. Sin embargo, la gestión es muy compleja ya que existen numerosos intereses particulares, no solo de las administraciones regionales, sino también de distintos ayuntamientos y grupos sociales, que a veces no coinciden exactamente con los objetivos de conservación. La superación de algunas reticencias y un respaldo popular al proyecto hubiesen contribuido, sin duda, a una de ampliación del Parque Nacional muy distinta a la actual.

Minas de Buferrera.

Es sorprendente descubrir que en el paisaje idílico de la Montaña de Covadonga se llevó a cabo una intensiva actividad minera de minerales de hierro y manganeso que se extendió a lo largo de 130 años, culminando con la interrupción de estas operaciones en 1973.

La presencia de manganeso en los lagos de Covadonga fue oficialmente documentada en 1844, año en el que se presentó la primera concesión minera («Nuestra Señora de Covadonga»). No obstante, la explotación sistemática no se inició de inmediato.

Hacia 1870, una sociedad franco-belga fue la pionera en emprender la explotación minera en Buferrera. A finales de ese siglo, las minas pasaron a manos de capital anglosajón, dando origen a la Asturiana Limited. Esta entidad tuvo una existencia efímera, ya que a fines de 1899, adquirió la propiedad The Asturiana Mines, Ltd., con sede en Middlesbrough, Inglaterra. Su actividad concluyó en 1932 debido a una significativa crisis de precios y demanda.

Posteriormente, la Compañía de Minas de Covadonga, S.A. (Comicosa) asumió las concesiones, intensificando notablemente la producción en los años siguientes a la Guerra Civil. Aunque culminó su presencia en Buferrera en 1958, mantuvo la propiedad de los depósitos residuales en Vega de Comeya y otras áreas cercanas a Covadonga.

Las menas extraídas presentan hematites y pirolusita como componentes esenciales, acompañados por goethita (asociada a Hg) y otros minerales ferro-manganesíferos. El año 1910 fue el más productivo, alcanzando unas 60,000 toneladas, y se mantuvo entre 20,000 y 30,000 toneladas durante gran parte de las anualidades del primer cuarto del siglo pasado.

Las minas de Buferrera están ubicadas en una antigua zona glaciar, lo que explica su entorno rodeado de depósitos morrénicos. La peculiar morfología de las huellas del antiguo trabajo minero sorprende hoy en día, mostrando columnas de caliza y vestigios de un karst a pináculos que quedaron al descubierto por las actividades extractivas, revelando acumulaciones de manganeso y hierro inmersas en depósitos arcillosos que rellenaban las oquedades calizas

En las cercanías de Los Lagos, específicamente alrededor de las instalaciones de las antiguas minas de Buferrera, explotadas hasta 1973, se intentó un desarrollo de una extensa área de servicios que incluye zonas de estacionamiento y acampada, provistas de instalaciones sanitarias correspondientes. A estas infraestructuras se añadirían una zona de edificaciones para servicios que reemplazarán a los «chiringuitos», los cuales operaban de manera más o menos legal en aquel momento.

Vagoneta con bocamina de fondo

En esos años, el antiguo Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) formuló tres planes destinados a implementar medidas en este espacio protegido. El primero de ellos consistía en un plan regulador de los usos tradicionales, focalizado en las actividades ganaderas de montaña. El segundo era un plan de señalización que abarcaba todos los aspectos relacionados con el área protegida. Por último, se elaboró un plan de ordenación urbanística y territorial para el núcleo leonés de Caín, actualmente uno de los puntos más problemáticos debido a sus reducidas dimensiones y la afluencia masiva de visitantes atraídos por el desfiladero del río Cares. Este último plan busca conciliar el desarrollo equilibrado de la población local con los intereses conservacionistas del espacio protegido.

En este periodo se inauguró un avanzado Centro de Recepción en Cangas de Onís, la primera capital del Reino Asturiano y la capital natural de Covadonga y de los Picos de Europa. Esta apertura promete mejorar significativamente la información, divulgación y concienciación de los visitantes, generando comportamientos más respetuosos y alineados con los objetivos conservacionistas que rigen en la actualidad. El Macizo de Cornión, Los Urrieles y Anclara, erguidos al final del milenio, están destinados a funcionar como faro y guía, tal como lo hicieron en el pasado para los navegantes que los avistaban desde el mar. Así, el Parque Nacional de Covadonga y Picos de Europa se convertirá en una realidad concreta.

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